sábado, 3 de abril de 2010

Tsunami rojo.

Tsunami rojo.
Hace tres mil años, el lugar que se conoce como Rub al Khali o como le llaman algunos “El Desierto Rojo”, no era un océano infinito de arena color sangre, era un lugar muy diferente. Un manto boscoso lo cubría todo y sus fuerzas vitales recorrían cada rincón rebosándolo de un vigor incontenible que se manifestaba en riquezas físicas y arcanas.

Las entidades arcanas de la naturaleza convivían junto a los moradores de ese lugar, compartiendo con ellos sus sabidurías y secretos. Los moradores aprendieron a dominar los elementos naturales llegando a convertirse en grandes sabios poderosos en las artes arcanas. Con ayuda de esos conocimientos y de las mismas entidades arcanas del bosque, los sabios construyeron una ciudad colosal y única en belleza llamada Ra Tsu.

Algunos osan decir que media dos mil kilómetros de norte a sur y dos mil quinientos de Este a Oeste. Se dice que ni siquiera juntando la ciudad flotante de Mirlecos construida en Miroz, con el palacio de las Alas Negras y el castillo arbóreo del reino de Herdria se llegaría a la cuarta parte del esplendor que poseía esta ciudad. Las entidades arcanas del bosque caminaban libremente por Ra Tsu, como un mortal más. Se les podía ver en los jardines, fuentes, mercados y sobre todo en la biblioteca.

Esta biblioteca, hoy conocida por muy pocos bajo el nombre de Irilnak, que significa “Lugar de todos los conocimientos”, poseía tantos libros como estrellas en el cielo. Cada uno de ellos llenos de conocimientos sobre los dos mundos. Cualquier habitante o visitante tenía el derecho a entrar y escrutar con toda libertad aquella fortaleza de la sabiduría.

A pesar de tener al alcance tales conocimientos, muchos mortales no se mostraron interesados en ellos, aprendían únicamente lo que consideraban útil para su vida cotidiana, como a fertilizar las tierras muertas, dominar los minerales para crear utensilios y joyas o para construir edificaciones más sólidas. En cambio, otros parecían tener una sed de conocimiento insaciable. Llegó el momento en que esos sedientos no encontraron más conocimientos entre las entidades del bosque y recurrieron a otras fuentes: El Abismo. Conocieron de su existencia por medio de las entidades del bosque, quienes les advirtieron que nunca deberían acercarse a ese “lugar”, a sus habitantes y mucho menos a sus conocimientos “Ya que cuando se contempla el Abismo, éste también ve nuestro interior y bajo ilusiones macula nuestra esencia y pudre nuestra mente.” Los sedientos ocultaron sus intenciones de las entidades del bosque y en secreto descendían al Abismo cada vez con mayor frecuencia, sosteniendo contacto con sus criaturas y aprendiendo sus artes, que parecían ser infinitas en variedad y poder.

Pero cada descenso siempre traía consigo oscuridad. Al principio eran como ínfimos granos de arena, pero al pasar del tiempo estos granos de arena se convirtieron en rocas hasta llegar a formar montañas. No sólo sus mentes fueron afectadas por la oscuridad, también la ciudad y todo su entorno sufrieron los efectos de esta ascensión de las sombras. Los lagos se convertían en ciénagas venenosas. Los campos eran corroídos por plagas voraces. Los moradores de Ra Tsu morían por extrañas pestes que cada vez eran más difíciles de curar mediante las artes del bosque. En la ciudad comenzaron a morar criaturas abismales. Al principio eran alimañas molestas, pero antes de que se pudieran tomar medidas, estas alimañas pasaron a ser criaturas incontrolables y caóticas.

Los sabios que no habían sucumbido ante la oscuridad del Abismo descubrieron la fuente del mal que les asolaba y decidieron hacerle frente. Fue entonces cuando llegó la guerra entre ambos bandos, los Sabios de los Bosques contra los Sedientos del Abismo. A pesar de su filosofía de paz, las criaturas del bosque al verse directamente afectadas por el conflicto tomaron parte en el enfrentamiento contra las fuerzas abismales, al igual que las criaturas emergidas del Abismo que cada vez eran más numerosas y poderosas. La ciudad y los bosques pagaban el coste de esta guerra. Todo perecía bajo el caos.

El esplendor fue sustituido por la decadencia, la vida por la muerte, la luz por la oscuridad. Uno de los dos bandos, no se sabe con certeza cuál, en un acto desesperado ejecutó un sortilegio. Entonces se vio venir una marea roja de arena que tapaba el cielo y abarcaba todo el horizonte, sepultándolo todo a su paso con su aplastante presencia. Todo, absolutamente todo quedó enterrado bajo aquella ola roja. Muy pocas entidades del bosque, criaturas del Abismo y seres mortales sobrevivieron al cataclismo. Algunas entidades y criaturas se negaron a abandonar aquel lugar, sin embargo, todos los mortales sobrevivientes se marcharon sin mirar atrás aquello que una vez fue una bella ciudad y que ahora es un infinito mar de arena roja.

1 comentarios:

Santiago dijo...

Hola
Me gustó mucho el relato, está muy bien relatado y bastante interesante. Espero poder seguir leyéndote y comentando.
Te dejo mi blog, por si puedes darte una pasadita:
http://recuerdodelviento.blogspot.com/